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abonado del Almendro

Abono para almendros: consejos para su cultivo

Mediante el abonado de un cultivo tratamos de aportar o reponer los nutrientes que la planta necesita a lo largo de su ciclo vegetativo. Aquí se incluye la producción del fruto, así como el desarrollo de órganos vegetativos y el crecimiento del resto del árbol.

De esta forma, si manejamos el abonado del almendro correctamente, podremos mejorar la calidad del suelo, evitando que se empobrezca y mejorar la productividad de nuestro cultivo. Además, un buen plan de abonado ayuda a prevenir plagas y enfermedades de los almendros.

Las necesidades nutritivas de la planta varían a lo largo de su ciclo vegetativo. Por este motivo, es necesario planificar y calendarizar un programa de abonado que se divida en función del estado fenológico del almendro, la composición del suelo y el nivel de rendimiento que esperamos obtener para tener una buena nutrición vegetal.

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Cuáles son las claves del abonado del almendro

Tradicionalmente, el almendro ha sido un cultivo de secano extendido en suelos pobres y con difícil orografía que se ha mantenido con pequeños aportes de materia orgánica y escaso laboreo. Por este motivo, su productividad ha sido, generalmente, baja y no tenía mucha importancia la nutrición vegetal.

En la actualidad, este panorama ha cambiado. Aunque aún podemos encontrar gran número de plantaciones rústicas de secano, el manejo y los cuidados del almendro han mejorado considerablemente. Podemos encontrar parcelas con riego por goteo o cultivos intensivos, con una densidad de plantas cinco veces superior a la del cultivo tradicional.

Este cultivo ha evolucionado mucho en los últimos años con nuevos sistemas que han modernizado las plantaciones de almendros y con la apuesta por la agricultura ecológica.

Esto ha hecho que las necesidades de abonado sean mucho mayores.

Para adaptar la planificación anual del programa de fertilización en el almendro que vamos a implementar debemos partir del análisis físico-químico del suelo. Conocer el nivel de pH y la concentración de nutrientes, especialmente fósforo y potasio, nos dará las claves para realizar un correcto plan de abonado.

El siguiente aspecto al que debemos prestar atención es el estado nutricional de la planta. En este sentido, una herramienta fundamental que nos ayudará en cada momento a ajustar la correcta fertilización del cultivo del almendro es el análisis foliar. Este nos proveerá de la información sobre la cantidad de nutrientes presentes en la planta y su proporción (desajustes en la proporción pueden derivar en problemas para su correcto desarrollo).

Asimismo, debemos conocer el ritmo de absorción de nutrientes en cada una de las fases vegetativas del árbol para poder aportarlos en el momento óptimo. Durante la floración y el cuajado aumenta la demanda de fósforo, mientras que las necesidades de nitrógeno y potasio aumentan durante el crecimiento de la planta y la maduración de su fruto.

En cuanto a los métodos de abonado, el más extendido en cultivos de regadío es la fertirrigación, que consiste en aplicar el fertilizante líquido junto al agua de riego, el abono líquido para el almendro es la mejor opción especialmente en sistemas de riego por goteo.

Abono para almendros de secano

El abono para almendros de secano también se aplica vía suelo y se lleva a cabo en los meses de noviembre y diciembre, en función de las lluvias anuales.

También se puede utilizar la fertilización foliar, aplicando el abono foliar directamente a las hojas mediante pulverización, tanto en abonado para almendro de secano como de regadío. Con el abonado foliar los nutrientes son absorbidos de manera rápida y eficiente por los almendros, lo que resulta muy útil para obtener una rápida respuesta en tratamientos de choque. Para mejorar su efectividad, este método debe aplicarse cuando las hojas permanezcan con su máxima expansión.

Nutrientes necesarios en cada fase

En general, un abono debe ser rico en  los principales macronutrientes, buscando formas de nitrógeno, preferentemente, en su forma amoniacal. También si queremos tener una buena nutrición vegetal debemos incluir minerales como el magnesio, hierro y calcio.

El nitrógeno es el elemento clave para el desarrollo del sistema vegetativo. Interviene en el crecimiento y en la formación de clorofila, de modo que su escasez puede provocar amarillamiento de las hojas y detener el crecimiento del árbol. El fósforo cumple un papel fundamental durante la maduración de flores y frutos, así como durante el desarrollo de las raíces. Su carencia puede oscurecer las hojas y reducir la floración y la formación de frutos. El potasio refuerza la resistencia de la planta a sequías y heladas, aumentando la productividad. La escasez de este elemento reduce considerablemente la producción, ya que provoca una alta mortalidad de las yemas.

Asimismo,  calcio y el magnesio son elementos fundamentales en la formación del fruto, y deben ser aportados si nos encontramos en suelos ácidos o cuando el nivel de estos elementos en el suelo o el agua que aportamos sea insuficiente. Los suelos básicos suelen ser pobres en hierro y boro, que participan en el cuajado del fruto y en la floración.

Mejor abono para los almendros

De manera general, los almendros maduros pueden recibir entre 3,6 y 5,4 kg de abono N-P-K 12-12-17 con 2MgO, dos veces al año (final del invierno y final de primavera, dependiendo de la variedad de almendro y el lugar geográfico en el que nos encontremos).

Como hemos visto, para maximizar la producción de nuestro cultivo de almendro es fundamental realizar una correcta composición del abonado del almendro. Disponemos de herramientas técnicas muy útiles, como el análisis foliar y del suelo, que nos pueden ayudar a ajustar la composición del fertilizante en cada momento del ciclo vegetativo de la planta según sus necesidades. Con una pequeña inversión podemos obtener considerables beneficios.

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